LOS CLAVELES

LETRAS DE...

LOS CLAVELES

Scena: "Anímate, Irene"
Dueto Cómico: "Goro del alma"

Dúo y scena: "Tenga muy buenas tardes"
Romanza "¿Qué te importa?"
Romanza "¡Mujeres!"
Dúo: "¿Por qué vuelve la cara?"

 

 

Scena: "Anímate, Irene"

Jacinta. Anímate, Irene,
que el negocio es bueno:
que el novio que tienes
es curda y sereno.
Si alumbra borracho,
puedes decir tú
que no hay otro novio
con más luz.

Rosa. ¡Vaya una mañana larga!

Paca. Como que hemos agotao el repertorio de coplas.

Jacinta. Y vamos a tener que liarnos con Rigoleto.

(Sale Goro de la oficina con gran disimulo; apoya en la pared un pliego de papel de barba, lleno de números, y sacando un cortaplumas, raspa, haciendo luego mutis por la oficina)
Paca. (A Jacinta) Tiés a Goro que hace números por ti.

Jacinta. Que los hace y que los raspa. Bueno, chicas, ya que no nos vamos nosotras, cantemos El que se va.

Paca. Bueno.

Rosa, Jacinta, Obreras
Dice que se va con otra
el mocito que me quiere;
dice que se va,
dice que se va,
dice que se va, y vuelve.
No se va con otra moza
el mocito que me quiere,
que le tengo loquito
y él loquita me tiene.

Paca. (A Jacinta) Échate P'acá la goma.

Jacinta. Con muchísimo gusto.

Paca. ¡Mi madre, qué fina!

Jacinta. Como que estoy de etiqueta.

(Vuelve a salir Goro, y repite el juego anterior)

Obrera. (A Jacinta) ¿Pero de veras es ése tu novio?

Jacinta. ¿No lo sabias?

Obrera. No. ¡Vaya un raspa!

Todos. Dice que se Va,
dice que se va,
dice que se va, y vuelve.

Dice que se Va,
dice que se va,
dice que se va, y vuelve.

 

 

 

Dueto Cómico: "Goro del alma"
(Jacinta, Goro)

Jacinta. Goro del alma
ven junto a mí,
porque me tienes
abandoná,
y disimula
tus intenciones,
porque me pones
muy colorá.

Goro. Cuando nos echen
la bendición
sabrás lo grande
que es mi querer;
verás lo dulce
que sabe un beso ...

Jacinta. Por Dios, Gorito,
no digas eso
aunque ese beso
tendrá de ser.

Goro. Dime, dime que me quieres di.

Jacinta. Dime, dímelo primero a mí.

Goro. Tú ya sabes que te quiero.

Jacinta. Y que yo a tí te requiero.

Goro. Jacintita de mi vida.
Yo no sé, no sé
que siento aquí,
cuando tan cerquita
estás de mí.
¡Cuándo estaremos solitos,
juntitos pa siempre así!

Jacinta. ¡Ay, Gorito de mi vida!
Yo no sé, no sé,
qué siento aqui,
cuando tan cerquita
estás de mí.
¡Cuándo estaremos solitos,
juntitos pa siempre así?

(Goro intenta besarla y Jacinta se aparta de él)

Jacinta. Sorpresas, no.

Goro. Perdón mujer.

Jacinta. No te propases,
que no es prudente
porque la gente
nos puede ver.

Goro. Ven, acércate un poquito a mí.

Jacinta. Es que no me fío ya de tí.

Goro. Solamente un poquitito.

Jacinta. Pero muy poquirritito.

Goro. ¡Jacintita de mi vida!
Deja, deja que te mire así;
dime, dime que me quieres, di,
con tu boca chiquitita,
bonita, que es para mí.

Jacinta. ¡Ay, Gorito de mi vida!
Deja, deja que te mire así;
dime, dime que me quieres, di;
que esta boca chiquitita,
bonita, es para tí.

(Goro la besa)

Jacinta. ¡Ya me has besao!

Goro. Me se ha escapao.

Jacinta. Pues en castigo, ya no te quiero.

Goro. No digas eso, porque me muero.

 

 

 

Dúo y scena: "Tenga muy buenas tardes"
(Rosa, Fernando, Jacinta, Obreras)

Rosa. Tenga muy buenas tardes,
señor cajero,
y conteste si quiere
corresponder,
pues pensando en las cuentas
y en el dinero,
no hace caso al saludo
de una mujer.

(Las obreras y oficinistas observan el diálogo de Rosa y Fernando)

Fernando. Yo he debido estar ciego
Rosa hechicera,
cuando no me he quemado
con su mirar,
pues sus ojos ladrones
son dos hogueras.

Rosa. Mire usté que no vale
desagerar,
pues no son cosas de maravilla
ni son carbones para quemar.

Fernando. Pues yo le juro
que muy adentro
me han abrasao
con su mirar.

Rosa. Todo eso es labia
tan solamente,
que muy prontito
lo va olvidar.

Jacinta y obreras. (aparte)
Ya ha tendido las redes
a don Fernando
y como él se descuide
lo va a pescar.

Señorita. Buenas tardes, Fernando;
cuando tú quieras.

Fernando. Ahora mismo, preciosa.
Queden con Dios.

Jacinta. ¡Chica, vaya un refresco!

Paca. ¡Quién lo dijera!

Rosa. Don Fernando es muy serio,
como él no hay dos. (ríe con fuerza)

Fernando. (En la puerta, encarándose con Rosa)
Cuando un hombre de bien,
dice como yo su sentir,
no es justo el desdén
no es noble el reír;
que esa risa es quizá,
un poco de amargura
que en su pecho está
empezando a herir.
Solo en la apariencia
no debe fiar,
que hasta la experiencia
se suele engañar.

Rosa. No he pedido nunca consejo
puesto que no hay nada entre los dos.

Fernando. Con su orgullo la dejo,
perdone ... y adiós.

(Hace mutis derecha, dando el brazo a la señorita, mientras Rosa da vivas muestras de contrariedad)

Todos. Mírala como rabia,
la presumida;
esta vez de sus redes
el pez se va.

Rosa. Yo les prometo a todos
que me las paga;
se lo juro por éstas.
(A Paca) Vamos.

(Se va precipitadamente seguida de Paca)

Todos. ¡Ja, ja, ja, ja!

(Suena la campana de la fábrica)

 

 

 

Romanza
(Rosa)

Rosa. ¿Qué te importa que no venga?
me aconseja el pensamiento.
Y aunque no quiero escuchar
lo que dice la razón,
no me deja el corazón marchar.

Si no sé por qué lo espero
si es tan solo por reírme,
como no me puedo ir
¿y por qué en vez de reír
pienso que voy a morirme?

¿Quién me había de decir
que en el fuego de un querer
mi ventura había de morir?
¡Ay, Virgen santa, querida,
consuela tú mis dolores
o acabará con mi vida
el mal de mis amores!
Que amor nacido entre burlas
pronto se sabe vengar,
burlas y risas que hacen llorar.

¡Maldito sea mi sino!
¡Maldita sea mi suerte!
¿Por qué te vi en mi camino
y llegué a quererte?
¡Si pudiera yo tener,
corazón y voluntad
para al fin poderte aborrecer!

Viendo venir a Fernando.

¡Al fin!

Fernando Mirando hacia atrás.
¡Vamos, no te entretengas!

Aparece una señorita, se coge del brazo de Fernando y ambos cruzan la escena hasta hacer mutis, hablándose amartelados.

Rosa. ¡Maldito sea mi sino!
¡Maldita sea mi suerte!
¿Por qué te vi en mi camino
y llegué a quererte?

Hace mutis llorando por el primero izquierda.

 

 

 

Romanza
(Fernando)

Fernando. ¡Mujeres!
Mariposillas locas
que jugáis con los quereres,
y vais de flor en flor!

¡Mujeres!
Tiranas de la vida,
muñecas del amor,
de ese bendito amor,
que es vida.

(Hablado) Que es vida, mujer, ya lo vas aprendiendo. Dice que me cita por última vez; que no volverá a llamarme. Como todas. Creen que amenazan y suplican.

¡Mujeres!
De celos vais muriendo
cuando estáis desdén mintiendo,
y no sabéis mentir.

(Hablado) Se os nota la mentira, pero vosotras no os dais cuenta. Sufrís y hacéis sufrir por capricho de niñas mimadas que tenéis la cabeza a pájaros.
Chiquillas locas,
¿quién os entiende,
ni quién comprende
vuestra alma de mujer?
Si el hombre os rinde
su sentimiento,
por qué el tormento
de padecer.

Reinas, con tronos de amores
¿por qué van tras los dolores
vuestra almas de mujer?
La vida os da el contento,
¿a qué el tormento
de padecer?

¡Mujeres!
Mariposillas locas
que jugáis con los quereres,
y vais de flor en flor!

¡Mujeres!
Tiranas de la vida,
muñecas del amor,
de ese bendito amor,
que es vida.

 

 

 

 

Dúo: "¿Por qué vuelve la cara?"
(Fernando, Rosa)

Fern. ¿Por qué vuelve la cara
la más hermosa de las mujeres?
¿Es que no quiere mirarme,
o es que quizá escucharme no quiere?
Míreme la mocita,
que aquí hay un hombre que necesita
mirar su cara bonita.

Rosa. No se canse en decirme
las mismas flores de tós los días,
esas no puen alegrarme,
son otras las que han de darme
alegría.
Quien se lleva la prenda
de mi cariño, será sincero.
Que me comprenda
y diga con el corazón: ¡Te quiero!

Fern. Rosita ...

Rosa. ¿Qué quiere?

Fern. Decirla que no desespere,
sus gratas ilusiones
bien pueden realizarse.

Rosa. Guárdese sus intenciones
y más no quiera burlarse.

Fern. Yo soy un buen amigo
y siento lo que digo.

Rosa. Quizá. (Aparte)

Los dos. ¡Ay! No sabe
que estoy/está ciega,
que sus/mis palabras me/la están vendiendo
y aunque no quiera/níega,
mi/su cara de dolor lo está diciendo.

(Aproximándose el uno al otro con pasión)

Di que en mí te miras
y que es mío el aire que respiras.
Dilo sin temores,
y que al fin te salven mis amores.
Dilo, vida mía,
y en tus ojos brille la alegría.

(Hablado) Fern. Rosa ...

Rosa. ¡Fernando!

Fern. Olvidemos este momento. Yo ... yo soy casado.

Rosa. (Cubriéndose el rostro con las manos)
¡Qué vergüenza!

(Entra sollozando en la hermita, mientras Fernando se aleja)

 

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Comentarios

10.09 | 18:20

Juan Legido_ La Rodríguez. Los Churumbeles de España
http://Youtu.be/v4U_zP4qCoo

...
10.09 | 17:25

me llamo Rodriguez
por parte de padre
me llamo Fernandez por parte de madre
mi nombre es maría
María del Carmen
María del Carmen Rodriguez Fernandez

de donde

...
03.09 | 21:56

Que bonito escribo una novela sobre esa época y me viene muy bien verlo ,mil gracias

...
27.02 | 12:51

En la Zarzuela, Luisa Fernanda. Letra canción de los vareadores.

...
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